Autoclásica se tiñó de Rossa

Por segunda vez en su historial, una Ferrari de competición se llevó el deseado Best of Show de Autoclásica, la muestra de autos y motos clásicos más importante de Latinoamérica.

En 2016, Autoclásica quebró con la tradición de premiar autos de lujo para reconocer a modelos con palmarés deportivos. En aquella edición, la Ferrari 250 LM de 1964, propiedad de “Goyo” Pérez Companc, se llevó el Best of Show. Dos años más tarde, marca y propietario volvieron a celebrar. Esta vez, una Ferrari 340/375 MM Berlinetta de 1953 se alzó con el máximo reconocimiento que otorga la organización. Tal como ocurriese en aquella edición, desde la mañana del viernes 12 los rumores del boulevard del jardín del Hipódromo de San Isidro lo daban ganador en primera vuelta. Y así fue. Sin sorpresas, con justicia. El deportivo italiano, del cual se fabricaron solamente tres ejemplares, acredita méritos suficientes como un triunfo en las 24 Horas de Spa de 1953, pilotado por Nino Farina y Mike Hawthorn, además de un quinto lugar en las 24 Horas de Le Mans de ese mismo año. El auto ganador resultó elegido en una terna finalista integrada, además, por un Vauxhall 30/98 Sport Tourer de 1925 y un Packard Dow Cowl 645 Sport Phaeton de 1929.

Los rivales de la Ferrari ganadora. De izquierda a derecha, el Vauxhaull de 1925 y el Packard de 1929.

En su 18ª edición, los ejes temáticos de Autoclásica giraron en torno a los 70 años de las marcas Porsche y Land Rover, además de un homenaje al Mercedes-Benz 300 SL.
Para celebrar los 70 años de la marca deportiva alemana, algunos ejemplares del modelo pionero 356, en versiones roadster y coupé, fueron dispuestos en la rotonda de acceso peatonal. Completaron la muestra una buena variedad de 911, además de un 924 y un 928.

Los 356 agrupados en la rotonda formaron parte de los festejos por los 70 años de Porsche.

Los todoterreno ingleses ocuparon un espacio cercano al ingreso del predio, por el estacionamiento, con unidades que databan de comienzos de los años 50 hasta contemporáneas.
Una muy buena iniciativa de esta edición fue exponer algunos de los Best of Show de ediciones anteriores, tanto automóviles como motos.

Los tradicionales Land Rover celebraron 70 años..

Competición nacional e internacional

Para los amantes de los autos de competición, la organización dispuso de la carpa de “Leyendas Mundiales” donde se exhibieron la Ferrari ganadora junto al REO de Ernesto Blanco y el Talbot Lago con el que Juan Manuel Fangio se adjudicara las 500 Millas de Rafaela de 1950. En la carpa de autos de competición nacional se pudo disfrutar de glorias del Sport Prototipos y del Turismo Carretera como el Huayra Spyder y el Halcón de Pronello, las Liebres 1 1/2, II y III del mismo diseñador, la Garrafa de Andrea Vianini y los Berta SP y LR. Cupecitas históricas, cupés Torino y Dodge y un Dodge 1500 de TC2000, que pilotara Jorge Omar del Río, completaron el panorama del automovilismo criollo.

Pronello a bordo de su creación, el Huayra Spyder, ganador del premio Classic & Sports Cars Magazine.

Clásicos criollos

Los autos de producción nacional tuvieron una presencia importante y fueron aportados tanto por expositores particulares como por clubes. En el césped del boulevard se destacaron tres impecables Valiant II que compartieron cartel con otros emblemáticos modelos como Torino, Coupé Chevy Serie 2, Chevrolet 400, Torino 380, Rambler Classic “boca de pescado”, Fiat 600, Fiat 1500, Dodge Coronado y Valiant III. Utilitarios como una Ford F-100, Estanciera, Baqueano 500 y Chevrolet C-10 reforzaron la presencia local. Las unidades del Museo del Colectivo aportaron, como siempre, la cuota policromática y nostálgica.

Clásicos nacionales, como este Dodge Coronado de 1970, ocuparon un lugar destacado en el boulevard de acceso.

El Barrio de las Motos. El lugar con más onda.

Autoclásica también destina un lugar especial a las dos ruedas clásicas. En el Barrio de las Motos se combinaron pequeños ciclomotores con poderosos ejemplares de más de 1.200 cc, tanto como motos históricas con las contemporáneas que se comercializaban en los stands de las marcas. La ambientación despojada e informal de los stands, los puestos de cerveza y la música de fondo de Creedence Clearwater Revival y Led Zeppelin, entre otras legendarias bandas, le daban un marco insuperable. En esta categoría el Best of Show fue para una MV Agusta 500 Four.

El multicolor y rockero Barrio de las Motos. Para disfrutarlo un buen rato.

Festejos paralelos

Por fuera de los temas convocantes oficiales de Autoclásica, se celebraron dos aniversarios de significativa importancia para nuestra historia automotriz. Para recordar los 70 años del lanzamiento internacional del 2CV, el Citroën Club Buenos Aires reunió en su stand una importante colección de unidades nacionales del icónico modelo, entre los que sobresalió una AZUP de 1963, la particular versión pick up que brevemente se produjo en el país.

La pick uo AZUP, una curiosidad para celebrar 70 años del 2CV.

Por su parte, el Club Peugeot Clásicos de Argentina festejó el 50 aniversario del 504. Para ello exhibió ejemplares nacionales y franceses del exitoso modelo. Entre ellos se destacaron dos versiones TN, de 1977 y 1984, y una coupé y un cabriolet, las exquisitas interpretaciones deportivas que Pininfarina realizó sobre el producto galo.

Dos generaciones de 504 TN para festejar 50 años. El de la época de SAFRAR (izquierda) y el de los tiempos de SEVEL (derecha).

También estuvo de festejos el Club Argentino Scooters y Microcoupés (CASYM), que cumplieron 20 años junto a sus simpáticos vehículos.

Presencia internacional

Si bien la casi totalidad de los 33 clubes y asociaciones que presentan stands de automóviles son argentinos (además del club organizador), cabe destacar la siempre prolija e interesante presencia del Montevideo Classic Car Club. En esta edición, los vecinos orientales nos deleitaron con dos imponentes clásicos norteamericanos: un Cadillac Serie 62 Hard Top 1957 (ganador del premio FIVA) y un Lincoln Continental Convertible de 1964, auto que fuera utilizado para el traslado del líder francés Charles de Gaulle en su histórica visita a Montevideo, en octubre de 1964.

El Lincoln Continental Convertible de 1964 que transportó al líder francés, Charles de Gaulle, por las calles montevideanas en octubre de ese año.

Además de los uruguayos, los brasileños aportaron su originalidad y colorido. Sin embargo, a diferencia de los orientales, la presencia de los carros brasileiros fue inorgánica y poco cuidada. Los autos arribaron el mismo viernes y se acomodaron “donde pudieron”, que resultó un espacio libre entre los Land Rover y el estacionamiento. Si tenemos en cuenta el esfuerzo de nuestros vecinos que llegaron en marcha desde los estados sureños de Río Grande do Sul y Santa Catarina -luego de recorrer en algunos casos más de 1.300 kilómetros- deberían haber sido ubicados en un lugar más amplio y destacado donde pudieran ser apreciados mejor los representativos modelos de su rica y variada historia automotriz. Al margen de este detalle, los brasileños exhibieron unidades de los años 70, 80 y 90, de las marcas Volkswagen, Ford y Chevrolet, entre ellos, los originales VW Brasilia y SP2, la exclusiva pick up Chevrolet C10, desarrollada para el mercado local, y los Ford Corcel y Galaxie. Un par de ejemplares de Chevrolet Opala, un VW Fusca y dos utilitarios de esa marca alemana completaron la delegación verde-amarelha.

La delegación de Brasil: Brasilias, Corcel, Opalas, SP2, entre otros. Merecieron un lugar mejor.

Completando las visitas internacionales, una de las notas de color que pudo disfrutarse el sábado fue la llegada de más de 80 Mini que formaron parte del XII Encuentro Internacional de Clubes Mini. Unidades provenientes de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay desfilaron por las calles de los jardines del hipódromo y se agruparon en un sector vecino a las pistas.

Minis de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay se dieron una vuelta el sábado como parte del XII Encuentro Internacional de Clubes Mini.

Si hay crisis, hay huecos

Como era previsible, la compleja situación económica por la que atraviesa el país afectó la cantidad de modelos exhibidos. Aunque es difícil hacer una contabilidad precisa para comparar, algunos huecos en lugares claves dejaron la sensación de que hubo menos unidades que otras veces. Situación similar se vivió en el autojumble. No obstante, la calidad y diversidad de la muestra se mantuvo en el nivel de excelencia de ediciones anteriores. El sol acompañó durante los cuatro días para darle el marco ideal que esta fiesta del auto clásico merece.

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